El Real Madrid se llevó el que con casi total seguridad será el último derbi madrileño (al menos liguero) en el estadio Vicente Calderón con un rotundo 0-3 y el mejor juego desplegado esta temporada, con actuaciones individuales brillantes formando parte de un gran plan colectivo diseñado por su entrenador Zinedine Zidane en una de las mayores actuaciones desde el punto de vista táctico desde que es entrenador en la élite del fútbol. Con esta victoria, el Madrid lidera con cierta autoridad la Liga Santander y refuerza su autoestima por la gran respuesta dada a las tan importantes bajas que tenía en este importante derbi.

Diego Pablo Simeone dispuso su 4-4-2 habitual en el que el cambio más reseñable esta temporada es que el acompañante de Gabi es Koke en lugar de otro pivote de corte defensivo. La sorpresa fue la inclusión de Fernando Torres en detrimento de Gameiro, y el cambio de Yannick Carrasco de banda al costado derecho, seguramente contando con que el lado fuerte defensivamente hablando del Real Madrid es el derecho (Carvajal, Modric, Lucas Vázquez). Por su parte, Zidane salió con su zaga menos titular conformada por Nacho y Varane (los dos rayaron a un gran nivel, sobre todo en la defensa por alto), un doble pivote croata Kovacic-Modric, las bandas ocupadas por Lucas Vázquez y Bale (esta vez en izquierda), Isco en el carril del 10 con total libertad de movimientos y Cristiano Ronaldo de falso 9.

Si bien todos cumplieron con su función, Zidane dispuso el tablero ante todo para favorecer a Isco y en mayor medida, a Cristiano Ronaldo. Todo giró en torno a la banda izquierda merengue. Bale la ocupó, y de forma individual se volvió a ver que no es su posición ideal, pues se ve enjaulado y limitado al centro al área, pero la misión de Zidane para el galés en esa banda era otra más novedosa. Se trataba de que bajase a recibir de espaldas y por dentro, arrastrando a Juanfran y alejando a Savic del área, para que con la ayuda de Isco y Marcelo en esa labor de distracción, Modric y Kovacic pudiesen avanzar y asentarse en campo contrario, y mientras Cristiano Ronaldo ocupara saliendo de la posición del 9 el espacio dejado por el galés para poder intervenir de sin mucha oposición y aprovechando su buen momento físico. Esta fue la clave del primer gran partido del portugués como hombre referencia.

Pero si Zidane dominó el contexto del encuentro desde el punto de vista táctico, Isco Alarcón lo dominó desde el estético y emocional. Lo suyo fue una exhibición durante todo el encuentro, pero el mayor impacto lo produjo en los primeros 15 minutos. Sumó tantas acciones de máxima factura técnica con tanto acierto y tan distribuidas por el ancho del campo que el Atlético vio los viejos fantasmas de lo fallida que resultó la defensa sobre el malagueño en dos finales de Copa de Europa, y los blancos se hicieron dueños de una convicción superior en sus capacidades. Julen Lopetegui siempre tuvo fe en el de Arroyo de la Miel, pero tras sus minutos en Wembley y presenciar en vivo el que probablemente haya sido el encuentro más brillante de su carrera, difícil será que no entregue el proyecto de su selección a Isco.