El Betis era un equipo que llevaba tiempo en la UVI, que diría Lopera, al que se le antojaba difícil solución. LLegó Víctor Sánchez del Amo, que había demostrado gran capacidad parar armas diferentes sistemas competitivos en el Deportivo de la Coruña e hizo ver que el equipo andaluz tenía buenos mimbres sobre los que construir, a los que además, se ha añadido recientemente a Rubén Pardo.

Y está logrando mejorar el equipo a base de resultados. Ya podemos decir, por la experiencia que tiene el madrileño como técnico en la Liga Santander, que es un entrenador que puede ajustarse a diversos sistemas, siendo capaz siempre de construir un sistema defensivo decente, algo que va logrando en un Betis que es donde quizá menos recursos tiene (más allá de la regularidad en su gran momento de forma de Antonio Adán en portería). Por ello, Víctor sabía bien que debía construir en base a sus posibilidades ofensivas. Y es ahí donde está marcando diferencias.

Su gestión del ataque verdiblanco está basada en la lógica: potenciar a todas sus piezas más diferenciales, dándoles la importancia que requieren, administrando bien sus minutos de juego y posicionándolos allá donde más favorecidos se vean. Joaquín, por ejemplo, ha perdido esa velocidad que le permitía desbordar en banda, por lo que le coloca por dentro y durante los minutos que es capaz de soportar. Algo parecido con Rubén Castro, si bien este tiene mayor protagonismo por su capacidad goleadora para resolver partidos, dejándole libertad en el área.

Los que deben sostener con regularidad el ataque bético son Dani Ceballos y Álex Alegría. Ceballos, que se vio relegado a la nada por su falta de competitividad, es sin duda el jugador con más técnica del equipo, por lo que interesaba recuperarlo, y Víctor lo está haciendo involucrándole en la salida de balón. Por su parte, Alegría es el agitador del área, el favorecedor de espacios para que él mismo o sus compañeros lo aprovechen.

Ahora hay que sumar a Rubén Pardo, jugador que a pesar de su corta edad, ya ha vivido lo de ser una joven promesa que no termina de cuajar, por lo que está ante una oportunidad de redención que si surte efecto, su gran calidad será las delicias de Ceballos en la combinación y de Castro/Alegría recibiendo sus pases desde atrás.