Tal vez siempre ha sido así, pero hoy es más que evidente el gran negocio que representa el fútbol a nivel internacional, al grado de que a diario se habla de todo menos de fútbol. Peinados, coches, peleas en twitter, récords, nuevas vestimentas, fichajes costosos son los titulares que más vemos en cualquier medio de comunicación deportivo y que al mismo tiempo son los que más venden y llenan las carteras de quienes viven de este mundo.

La cantidad de factores, instituciones y personas que intervienen en un simple juego de pelota ha crecido de sobremanera en la última década, donde se ha dado paso a la guerra entre el dinero y el juego. La industria del fútbol no deja de crecer día a día y se va oponiendo firmemente al inmovilismo provocando una rotación elevada de jugadores, técnicos, torneos, patrocinios, etc.

 

infantino-2_optDesde los clubes más grandes a los más pequeños se ha presentado la continúa pelea entre directivos y entrenadores enfrentado ideologías y reglas del juego. Se han creado dos tipos de campeonatos durante el año: el del dinero que se lleva acabo en verano con las giras, los fichajes multimillonarios; y el campeonato tradicional en lo que queda del año. Se ha dado por hecho que el jugador es más importante que el equipo e incluso un sólo jugador puede quitarle la vida a un equipo si este decide dejarlo.

El dinero es sin duda un factor importante que va de la mano del fútbol, pero no puede desplazar a la pelota a un segundo termino. Hoy más que nunca es muy difícil que un club pueda equilibrar ambos aspectos y seguir sobreviviendo en sus ligas donde hay una competencia interminable entre sus finanzas. O el jugador se entrega a su equipo y a sus obligaciones o tiene que volverse una imagen de marketing para sacar al club de los números rojos. Equipos como PSG, Manchester City, Mónaco, son clubes que han llegado a vivir muy por encima de sus posibilidades, ya que tienen la tranquilidad que un millonario pagará por sus pérdidas. Incluso en algunas ligas se le ha llamado el “dopaje financiero”, tal como lo dijo Arsène Wenger con la llegada de Roman Abramovich al Chelsea.

¿Cómo se puede competir así? ¿Cómo puede ser rentable para un equipo como el Madrid o el Barcelona con una plantilla de 500 millones de euros, jugar contra equipos de 50 millones? Es por ello que la UEFA ha tenido que crear distintos torneos y uno de ellos es la Champions League, el torneo de élite donde se puede ver la verdadera cara de los equipos y la dura competencia entre los más “grandes” de Europa; un torneo donde se puede considerar que la mayoría tiene la mismas posibilidades de levantar la copa y que se puede llegar a ver también como un duelo de carteras.

fifa_optEn la cuestión de jugadores y entrenadores se ha vuelto una “puerta giratoria”, tal como lo describe Jorge Valdano en su libro “Fútbol: el juego infinito”. El acto de vender y comprar se ha convertido en una necesidad imprescindible, en una señal de superioridad que ha creado una máxima rotación a nivel mundial. Esta puerta cada vez gira más rápido y obviamente el dinero es quien la va empujando. Jugadores sobrevalorados, fichajes excesivos, torneos creados con el fin de aumentar las cuentas bancarias de quien participe.

El fútbol de Pelé, Maradona, Di Stefano y Cruyff, los cuatro grandes de la historia, no reconocería al fútbol de hoy, donde a pesar de ver un alto nivel de competencia y jugadores en todas las ligas que parecen sacados de un videojuego, se le ha dado preferencia al dinero sobre el fútbol, se ha demeritado el valor del juego pero sobre todo han entrado a la industria personajes que les importa todo menos la pelota y los colores de la camiseta.