Llegó en el último momento del verano tras declararse en rebeldía porque en su cabeza solo cabía jugar en el Real Madrid. En su primer año como madridista, a las ordenes de José Mourinho, jugó poco pero aún así tuvo momentos de gloria como su gol al Manchester United saliendo desde el banquillo. Ahora la situación de Luka Modrić en el conjunto blanco ha cambiado, tiene galones y es el dueño del centro del campo.

Se habla de la BBC, de Asensio, de Isco, del sobrevalorado Kroos. Se habla de Zidane, hasta se habla de el gran trabajo del preparador físico Pintus. La sensación que da es que aquí todos pintan más que Luka Modrić, pero no se equivoquen señores, como un día me dijo un amigo, No Luka, No Party.

Luka Modrić es el dueño del centro del campo, el que da sentido al juego del Real Madrid. En el partido de ayer contra el Borussia dio una auténtica exhibición, dirigiendo el juego blanco y guiando a los blancos hacía un oasis en la que ya era una travesía por el desierto debido al los últimos resultados cosechados. Hoy en la prensa pueden leer artículos de Cristiano, de Bale, de Ramos, pero ¿quién habla de Modrić?

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Sin él, el Real Madrid es como si a los Rolling Stones le quitas a Mick Jagger, como si al McDonalds le quitas el BigMac, o como si a Italia le quitas la pasta. Le quitarías la esencia y el estilo de juego. Pueden ver jugar al Real Madrid sin muchos jugadores pero cuando el croata no está, se nota.

El mérito de Zidane no es tener una segunda unidad en forma, que también, su mérito es dar galones a este futbolista, cuidarle y ponerle en la posición exacta en la que debe jugar. Modrić es el motor de un coche bonito donde todos miran la carrocería, pero a veces también hay que fijarse en lo que le hace carburar. El de Zadar reparte pases, pero no solo hace eso, coloca al equipo, sabe cuando bajar la intensidad, cuando subirla, defiende, y hasta a veces se atreve a reprender a Cristiano. El portugués, famoso por sus aspavientos en el terreno de juego, curiosamente asiente cada vez que Luka le dice algo, quizás será que dentro del vestuario se valora más al motor del coche que fuera.