Hasta la aparición del binomio Messi/Cristiano Ronaldo, los cracks (refiriéndonos con esto a los mejores jugadores del continente) eran considerados como tales por dominar alguna cualidad hasta el máximo expontente de de la misma. Es decir, Ronaldo era un crack por su olfato goleador, Figo porque se iba por la banda como nadie, Ronaldinho era el más mágico del momento… Luego aparecieron Cristiano y Messi, y lo cambiaron todo.

Todos sabemos la historia. Cristiano era un chico que regateaba de más al que Ferguson convirtió en un portento físico y un goleador tremendo. Llegó al Real Madrid, y cada vez fue aumentando sus registros goleadores y sus métodos goleadores, convirtiéndose en el rematador de cabeza más eficaz del planeta. Lo que le hacía uno de los más grandes de la historia, además de lo ya citado, era su inteligencia en sus movimientos al espacio. Nadie los ha dominando nunca como él. Con el tiempo, ha perdido velocidad, pero un jugador tan grande se recicla, y durante los años con Ancelotti mejoró su juego combinativo por dentro, convirtiéndose en un portento en los apoyos a un toque. Además, si bien aún no está cómodo siendo un 9 estático, ejerce como tal partiendo desde la banda, llegando al remate al segundo palo, ese que domina como nadie. Su última actualización ha sido en los disparos a falta, ya que ha comprendido que con pura potencia ya no le respondían igual, ante Wolfsburgo y Sporting de Portugal entre otros vimos disparos de menor potencia y mayor colocación.

En cuanto a Leo Messi, qué decir, él ha cambiado esto. Era un regateador nato, que añadió unos registros goleadores tremendos, perfeccionando sus lanzamientos de falta. Pasó de la banda derecha al falso 9, dominando todo el frente de ataque, haciéndose el receptor de todo el caudal ofensivo de su equipo. Después de eso, hemos visto como volvía a la banda y hacía las mismas funciones desde ahí, y ahora se integra como un centrocampista cediendo algo de gol (no demasiado) para taladrar defensas con el mejor pase del continente. De este modo, tanto él como Cristiano Ronaldo, nos hacían plantearnos algo: ¿Son mejores jugadores en el momento en que deciden ser pieza central del juego del equipo? Antoine Griezmann y Gareth Bale dicen sí.

Repasando rápidamente, Gareth Bale se dio a conocer como un lateral izquierdo con una potencia y velocidad inauditas, con un golpeo extraordinario en su zurda. De ahí pasó a ser extremo zurdo, dando las mismas prestaciones pero con un mayor caudal, y de ahí a la derecha, subiendo sus cifras anotadoras de forma radical. El último paso fue integrarse en la mediapunta, donde demostró que no necesitaba de espacios para poder salir por cualquiera de los tres carriles para chutar o asistir. Llegó al Real Madrid, y tras dos años de rendimiento desigual pegado a la banda derecha, Benítez decide colocarlo de mediapunta. Ahí Bale vuelve a ser el del último año en el Tottenham, saliendo por todo el frente de ataque. La llegada de Zidane y las exigencias de Chris Coleman para hacerse con el pase a la Eurocopa de Francia con Gales, le hicieron crecer en un sentido “Messianico”. Es decir, aparecer por todos lados, bajar a recibir, cambiar alturas con los centrocampistas… Cada vez más líder en ambos conjuntos, dominando el remate de cabeza, todo eso queda incluso en un segundo plano viendo cómo ha logrado ser el centro del juego de Gales en la Eurocopa. Los viejos nos decían que no se veía nada así desde Don Alfredo. Pero sí, ese fue Leo Messi, la influencia máxima sobre el galés. Ha pasado de ser un chico de pura potencia y velocidad a dominar todo el frente atacante con una finura inesperada.

Y no es el galés el único. Antoine Griezmann, jugador que apuntaba maneras en la Real Sociedad por su velocidad y dribling, que aportó lo mismo en su comienzo en el Atlético de Madrid, cada vez fue jugando más centrado por Simeone. Y cada vez tuvo más galones, más gol, era más líder. Se convirtió en un especialista incluso defensivo, hasta desde el punto de penalti. A eso ha sumado en la presente temporada recién comenzada un repertorio de apoyos por dentro y por ambos costados que recuerda a los de Cristiano Ronaldo, pero que quizá lo más adecuado sea decir que en lo global se parece más al Raúl González previo a su lesión de Korea-Japón 2002. Un jugador que aporta talento defensivo en cualquier zona del campo, que sirve de apoyo a sus compañeros por cualquier zona del mismo, y que acaba decidiendo arriba. Otro jugador total.

No son los únicos casos de los últimos tiempos. Karim Benzema siempre fue un jugador que daba apoyos a todos sus compañeros en el campo. El James Rodríguez de Carlo Ancelotti se movía por todo el campo partiendo como falso interior en su archiconocido esquema de los puentes. Ibrahimovic en su último año en el PSG bajaba hasta la altura de los centrocampistas para distribuir. A Paul Pogba se le viene esperando algo así desde su estancia en la Juventus. Wayne Rooney ha sido pivote, mediapunta, interior y delantero todo a la vez. Y no es descartable que el De Bruyne o el David Silva de Pep Guardiola alcancen un grado semejante de influencia en su City. Parece que es ahí hacia donde va el fútbol de los cracks de primer nivel.