Si la semana pasada hablábamos de cómo Zidane había cerrado muchas bocas por los títulos conseguidos, capítulo especial merece otro de los triunfadores de la ya pasada temporada: Cristiano Ronaldo. El portugués empezó la temporada de manera titubeante, volviendo de la lesión que tuvo en la final de la Eurocopa. Su bajo rendimiento a principio de temporada, no hacía más que alimentar a los que desde algún tiempo atrás no paraban de atizar al portugués hiciera lo que hiciera. Y en parte me atraparon con sus garras.

Porque veía a un Cristiano empeñado en pegarse a la banda, cuando parecía que se le había olvidado regatear. Que además de jugar en banda, no replegaba para ayudar a su lateral. Que ralentiza las acciones intentando buscar siempre primero su acción individual en vez de una colectiva. En definitiva, el Cristiano con los vicios de siempre pero sin los goles de siempre. Había incluso quién decía que el equipo jugaba mejor sin él, que era el momento de venderlo. Que con otros jugadores el equipo obtenía mejores resultados.

Sí que es verdad que siempre he pensado (y me reafirmo) que la BBC desajusta el equipo, y que, o hay compromiso defensivo por parte de sus integrantes, o los 3 no pueden jugar juntos. Porque en el fútbol de hoy, es inasumible defender con 7 jugadores. Y una solución a eso sería colocar a Cristiano como el depredador del área que es. Nos dio un aperitivo de sus posibilidades en el derbi de Liga en el Calderón. Jugando de ‘9’ con Isco a su espalda. Fue letal con 3 goles.  Pero parecía que eso iba a ser algo muy, muy esporádico.

La madurez de CR7

Este año Cristiano ha cumplido 32 años. Y a esta edad su personalidad no va a cambiar. Hay que convivir con sus cosas buenas y con sus cosas malas. Con sus malas caras después de un gol rival, su puntito de egocentrismo y su afán individualista. Pero también con su carácter ganador, su extrema competitividad y su incesante búsqueda del gol. Estas últimas son virtudes extraordinarias, pero llevadas al extremo se convierten en lastres. Estamos acostumbrados a un Cristiano que marca 60 goles por temporada. Una absoluta barbaridad al alcance de poquísimos. Pero, ¿cuántas veces hemos visto llegar a Cristiano muy muy diezmado a final de temporada? Jugar todos los minutos para meter todos los goles posibles, asegura récords individuales, pero hipoteca los éxitos colectivos. Y aquí es donde más crítico he sido con el portugués.

Me cuesta creer que un futbolista de su edad, en el club en el que está, no sea capaz de entender que es mejor dosificarse y llegar bien a final de temporada, que meterle 5 goles al último clasificado de la liga. Que hacer esfuerzos en partidos que ya están ganados no hace más que perjudicar al equipo. Derrochar energías que luego faltan cuando se necesitan. Que los títulos grandes son competiciones de fondo y no de velocidad.

Y en ese momento apareció Zidane. A pesar de que todos sus fans justificaban sus actuaciones con “es que es un ganador nato”, el francés le convenció sobre las dos cosas que todos veíamos. Tiene que dosificarse y convertirse en delantero. Porque de delantero es sencillamente brutal. Su punta de velocidad, quizás no le llegue para grandes espacios, pero en distancias reducidas es determinante. Porque remata extremadamente bien con ambas piernas. Y porque su remate de cabeza es primoroso. En definitiva, cualidades todas de delanterazo de los buenos. Tampoco tiene porque ser el típico ‘9’ referencia, ya que tiene el talento suficiente para bajar a recibir y descargar el juego. Un delantero total.

Los resultados hablan por sí mismos. Este año es el primero de las últimas 5 temporadas en las que no anota al menos 50 goles. Y creo que nadie duda de que es su mejor temporada de las últimas 5. Pero es que vale más meter 25 en el momento adecuado, que 60 intrascendentes. Ha madurado para darse cuenta de esto.

Ronaldo y los premios individuales

Hoy parece claro que el próximo ganador del Balón de Oro es el portugués. Espero que, por este motivo, nos libremos de la matraca del mismo debate de todas las temporadas. Me parece un tanto absurdo dar un premio individual en un deporte colectivo. Al final, el premiado va a ser el mejor jugador del equipo que obtenga más títulos. Pero esto no tiene por qué ser equivalente a ser el mejor jugador.

Leía ayer que Messi tenía que ser el ganador esta temporada, porque claramente tiene un equipo mucho peor, por lo tanto su actuación individual tiene más mérito. Y efectivamente, aquí reside la clave. Tanto Cristiano como Messi son jugadores extraordinarios cuyas cifras son prácticamente inalcanzables. Pero por muy buenos que sean, no van a ganar títulos ellos sólos. El acompañamiento que tengan es clave. El mejor Messi, se ha visto cuando ha estado junto con el mejor Xavi, el mejor Iniesta, el mejor Neymar o el mejor Suárez. Y este año que el resto no han estado a la altura, por muy bien que haya estado el argentino, no le ha servido para alcanzar los títulos más grandes.

Lo mismo podría decirse del portugués. Este año ha estado rodeado del mejor Isco, del mejor Kroos y del mejor Modric. Bueno no, el Modric de siempre porque el croata siempre está de 10. Esto quizás aclare por qué Messi aún no ha ganado ningún título con Argentina. Aunque él sea estratosférico, necesita del apoyo del resto del equipo para campeonar. Mientras que por ejemplo Portugal fue capaz de ganar a Francia la final de la pasada Euro sin su máxima estrella. Lo cual demuestra que hay un buen equipo y no sólo un jugador muy bueno que resuelva.

El fútbol es un deporte de equipo en el que pueden brillar las individualidades. Esperemos que Cristiano siga sacando brillo al buen trabajo de su equipo.