El pasado domingo vivimos un auténtico partidazo en mayúsculas. Un partido de igual a igual, de poder a poder. Cada uno de los contrincantes dominó y fue sometido a partes iguales. Salió fulgurante el Madrid, queriendo aprovechar la inercia de la Champions e incidir en la herida de la eliminación culé. El Barcelona intentaba sacudirse la presión, buscando la pausa. Iniesta y Busquets empezaron a marcar el ritmo y Messi jugueteaba entre líneas. Comenzaba a controlar el conjunto blaugrana el partido sin mucha profundidad, y los blancos esperaban agazapados su oportunidad a la contra.

Y en esta situación vino el gol de Casemiro, en una de las especialidades de los merengues, el balón parado. Otro gol que viene de un córner y otra vez que el Madrid se relaja después de marcar. Poco duró la alegría en la casa blanca, ya que Messi se encargaba de poner las tablas en una nueva arrancada por dentro.

Empezaba la segunda parte igual que lo hizo la primera. El Madrid intenso, dominante, queriendo buscar el segundo por la vía rápida. Realizando una presión alta que incomodaba bastante la salida de balón culé. Pero a medida que fue cayendo el ritmo de presión, fue creciendo el juego del Barcelona. El partido se abrió y ahí vimos el nivelazo de ambos porteros. Pararon mucho y de todos los colores hasta que apareció Rakitic para poner de zurda el 1-2 en el marcador.

Se quedó el Madrid con uno menos y parecía que el partido estaba acabado. Ahora el Barcelona movería el balón, haciendo un rondo infinito aprovechando su superioridad. Pero nada más lejos de la realidad. Si en algo se maneja bien el conjunto blanco es en el contexto de la épica. Sin hacer largas posesiones, sin especular, rondaba el área de un espléndido Ter Stegen. El Madrid no juega bien, el Madrid golpea. Y acabó golpeando un recién incorporado James tras la enésima internada por la izquierda de Marcelo.

El equipo de Zidane había hecho lo más difícil. Conseguir un empate que se iba a celebrar como media liga. Cualquier otro equipo se hubiera colgado del larguero esperando el pitido final. Pero cuando en el Bernabéu se crea este clima, es difícil no ir a por más. Lo exige el escudo. Arriesgó el Madrid queriendo ir a por el partido… y Messi le castigó de la forma más cruel posible.

Después de todo lo visto podríamos llenar horas y horas de tertulias con todos los matices que ofreció este encuentro. Por ejemplo, la importancia de los laterales en el juego ofensivo del Madrid, el partidazo de Busquets, o la buena actuación de dos jugadores tan criticados como Paco Alcácer o Keylor Navas. Eso en cuanto a jugadores, porque desde los banquillos podríamos comentar si hace bien Zidane en proponer una defensa individual de Casemiro sobre Messi, en vez de colocar un marcaje mixto con ayudas, o por qué Luis Enrique sólo realiza un cambio cuando su rival está con uno menos. Todo ello pasando por alto el sorprendente hecho de que Isco no jugase ni un minuto.

En definitiva, podríamos comentar mil situaciones sobre el partido, pero … ¿adivináis de qué se va a hablar los próximos días?

Los árbitros

Bingo, sobre el tema arbitral. En un fútbol en el que es económicamente prohibitivo ir al estadio a animar a tu equipo y en el que tienes que pagar por verlo por la tele, de lo único que nos van a hablar en los espacios deportivos en abierto es sobre la polémica. Triste pero cierto. En vez de disfrutar del partidazo que hemos visto, nos quedamos con el árbitro y con lo que ha dicho pepito en zona mixta. Cada vez importa menos lo que ocurre en el campo y más toda la parafernalia que lo rodea.

Por lo menos con el partido de ayer quedan desmontadas todo tipo de teorías conspiratorias. Para esos que dicen que el Madrid es el eterno favorecido y el Barcelona el eterno perjudicado, habría que decirles que, si tal conspiración hubiera, y tan beneficiado es siempre el conjunto blanco, Ramos no habría visto la tarjeta roja. Y para esos que dicen que el conjunto azulgrana es favorecido por decreto y el Madrid perjudicado, habría que recordarles que el trencilla podría haber sido riguroso y expulsar a Casemiro al borde del descanso.

El árbitro es un ser humano y pita lo que ve. Se puede equivocar igual que el delantero falla un gol a puerta vacía o a un portero se le escapa un balón de las manos. Y todo lo demás es echar leña al fuego de manera gratuita. A todos esos que critican la labor arbitral, les recomiendo que se vistan de corto y piten un partido de benjamines para que vean la complejidad de su labor. Probablemente se les quitasen las ganas de protestar.

Que cualquiera de nosotros en las redes sociales carguemos contra el árbitro, aunque injusto me parece normal. A fin de cuentas, es lo que siempre se ha hecho en los bares, sólo que ahora se hace por otros medios. Lo realmente grave es que lo hagan periodistas y profesionales del fútbol. Que salga Piqué a quejarse del trato arbitral, cuando el último penalti que le pitaron en contra fue cuando reinaba Alfonso XIII, me produce poco menos que risa. Pero es un tema muy serio. Insinuar que las competiciones están adulteradas es una cosa muy fea y no hace si no embrutecer aún más a un espectador ya abrumado por tantas señales de odio hacia los rivales.

Eso sí, a todos se les llena la boca de hablar del VAR como solución a todos los problemas. Me parece bien que se use la tecnología para ayudar al deporte, pero para los conspiranoicos, las manos negras van a seguir estando ahí. Pongamos por ejemplo el posible penalti de Umtiti a Cristiano en el minuto 2. El francés contacta con Ronaldo, pero ¿suficiente para ser penalti? Pues según la interpretación del juez.

¿Qué habría arreglado el VAR? Nada. Si con el VAR se hubiera pitado penalti ya habrían saltado los típicos con “ya está el Madrid como siempre” o “los hilos de Florentino” entre otras tonterías varias. Y si no lo pita, habría sido “el villarato” y demás lindezas.

El fútbol no es una ciencia exacta, hay millones de jugadas que se pueden interpretar de varias formas. Volvamos a la acción de la expulsión de Ramos. Está en el límite. Para mí, particularmente no me parece para cartulina roja. Pero por el contexto del partido. Es un partido que no ha sido muy duro y es la primera acción de tarjeta de Ramos. Pienso que para dejar a un equipo con uno menos, hay que hacer algo más. Igual que pienso que para pitar un penalti tiene que hacerse algo más que lo que le hace Umtiti a Cristiano.

Pero también entiendo que el árbitro decida expulsar al camero. Va fuerte, con los dos pies en plancha. Motivo suficiente para la cartulina roja. Mi opinión es que no es roja, y la del árbitro es que sí. Y ninguna de las dos me parece descabellada, simplemente es una jugada interpretable, que está en el límite entre las dos cartulinas.

Me recuerda mucho a la acción que veíamos en el pasado Real Madrid – Bayern entre Vidal e Isco en el minuto 4 de partido. Una entrada al límite y en la que cualquiera de las decisiones que tome el árbitro es correcta. De nuevo, a mí me parece amarilla. Curiosamente, los que ven clarísima la roja a Ramos, no la veían para Vidal y viceversa. Al final, los que le echan la culpa al árbitro, se la van a seguir echando con VAR o sin él. Es una manera de justificar tu derrota, en vez de pensar en qué tienes que hacer para mejorar.

Messi, capítulo aparte

Pero no sólo de polémica vive la tertulia deportiva española. También del recurrente debate Messi – Cristiano. A lo mejor es que soy un cascarrabias, pero es un tema que ya cansa. La eterna comparación entre dos jugadores que no son comparables. Y lo peor de todo es la imperiosa necesidad de para engrandecer a uno, empequeñecer a otro.

El partidazo que realizó ayer Messi es soberbio. Sin Neymar y con un flojo Suárez, él fabricó todo el peligro de su equipo. Desquició a Casemiro y a cualquier otro que osara marcarle. Estuvo inspirado y desequilibró el encuentro. Una actuación sobresaliente. Pero afirmar esto no implica decir que Cristiano hiciera un mal partido. El portugués no obtuvo el premio del gol, pero causó bastantes molestias a los centrales rivales en su nueva demarcación de delantero centro. Igual que la semana pasada Messi no estaba acabado por no llevar a su equipo a las semis de Champions mientras Cristiano le hacía 5 goles al todopoderoso Bayern.

Sencillamente disfrutemos, porque cada uno, a su forma está marcando una época. Pero lo más importante, el fútbol es un deporte de equipo. Aunque tengas un Messi o un Cristiano, las genialidades te van a ganar un partido (como el de ayer), pero son los equipos los que ganan los campeonatos. Y por eso el Madrid va líder hasta la fecha, porque, aunque su estrella ha sido menos determinante (no llega a la veintena de goles por los 31 del argentino), el resto del equipo ha dado la talla.

Veremos si Messi consigue contagiar a los demás o tiene que seguir remando sólo en lo que queda de campeonato.

 

Fuente de la foto: http://www.20minutos.es/deportes/noticia/real-madrid-barcelona-directo-3016208/0/