El Real Madrid jugó ante el Athletic Club dos partidos en uno, de sensaciones muy diferentes en cada período, y divididos claramente por el descanso.  Se preveía un Athletic presionante y así fue, pero el Madrid, apoyado en su 4-2-3-1 de las últimas jornadas esquivaba bien esas presiones, ya fuese con las conducciones de Kovacic, Marcelo e Isco, o con balones largos de gran acierto técnico realizados por Kroos y su pareja de centrales (extrañamente fino Pepe en esta cuestión) que lograban pillar la espalda del Athletic en cada jugada.

Eso estaba siendo apoyado por un triángulo entre líneas cayendo formado por Marcelo-Isco-Benzema que creaban una sociedad en banda izquierda que generaba suficientes superioridades en el área como para que Benzema anotase el primer gol del encuentro y los blancos hubiesen podido sumar alguno más a su casillero. El francés ya ha alcanzado su plenitud física y se le nota, está con chispa, dando apoyos a la salida tanto por dentro como por los costados, lo cual resulta clave para el juego de su equipo.

Sin embargo, los vascos lograron un gol que resultó desafortunado para los blancos y llegó el partido con una x al descanso. La segunda parte se vio un Madrid sin ideas, bastante plano en el que solo Benzema e Isco siguieron haciendo los movimientos adecuados (Marcelo estuvo bastante errático) y en el que Lekue hizo mucho daño a su línea defensiva, por lo que Iñaki Williams tuvo ocasiones muy claras en las que no definió como su categoría podría presumir. Algo parecido a lo que le estuvo ocurriendo a un Cristiano Ronaldo que está fresco, activo, moviéndose bien, pero definiendo de manera extrañamente mala, lo cual alargó el empate en el tiempo. Zidane quitó (elección discutible) a los destacados Benzema e Isco, entraron Lucas y Morata para aportar su intensidad ante un rival cansado, el Madrid jugó a desbordar por bandas y a centrar (de forma abusiva) y Morata anotó de nuevo un gol que vale el liderato para el Real Madrid.