Ser entrenador del Real Madrid es una profesión de alto riesgo, lo fue y siempre lo será. Es probablemente el banquillo más exigente del mundo del fútbol y el actual entrenador madridista Zinedine Zidane ha cumplido un año en él.

Un año, su primer año como técnico profesional y nada más y nada menos que en este banquillo. Pero a pesar de su inexperiencia en el puesto, el francés ha llevado la situación mucho más lejos en el tiempo de lo que la mayoría de “eminencias futbolísticas” y “entendidos en la materia” pensaban (véanse como tales a los periodistas y comentaristas del ámbito futbolero con dotes de videntes que le auguraban un futuro oscuro casi negro).

A pesar de ellos, Zidane ha aguantado en el banquillo blanco un año natural, evidentemente gracias a su flor, su buena cara ante la prensa y su virtud para manejar los egos del vestuario. Nada tiene que ver su criterio futbolístico y su sabiduría táctica, ya que nadie sabe todavía a que juega su Real Madrid. (Léase este párrafo con toda la ironía posible).

En este año en el banquillo del Real Madrid, el francés ha ganado una Champions, una Supercopa de Europa y un Mundial de clubes, llevando actualmente 39 partidos sin perder y cosechando dos derrotas desde que llegó.

Su falta de experiencia fue la principal escusa que pusieron sus detractores cuando asumió el cargo, además de asegurar que el francés era una figura provisional tras el fracaso del Rafa Benítez. Nadie daba un euro por el galo y todavía hoy en día no convence a los grandes entendidos futbolísticos, a los aficionados de un “único fútbol”, de una sola forma de jugar “bien”, pero Zidane sabe perfectamente a lo que quiere jugar, a ganar.

Esa moda del “único estilo” para jugar bien al fútbol en el Real Madrid se traduce en ganar, ganar partidos, ganar títulos; esa es la forma que entiende el club y la afición de jugar al fútbol. Todo lo demás es un complemento, un añadido a la victoria, pero el fin del Real Madrid es ganar y a eso, Zinedine Zidane sí que sabe jugar.