Los que vivimos y respiramos fútbol cada día, haya o no haya partido, sabemos que existen torneos a los cuales no debemos perderle la pista, porque cuentan con equipos y jugadores con los que nos deleitamos cada 4 o 5 días. Pero todos sabemos que hay un torneo que reúne a todas las estrellas que atrevemos a llamar de otros planetas, porque pertenecen a equipos poderosos que han marcado la historia del fútbol y de grandes remontadas. Ya sabemos cuál es este torneo, pero hay que decirlo porque suena hermoso: La UEFA Champions League.

Este 8 de Marzo nos regalaría a todos los amantes del fútbol, quizás una de las noches europeas que jamás olvidaremos. Porque cuando pensamos en estas noches, recordamos momentos increíbles de finales infartantes, pero en apenas octavos de final no se había escrito una historia como la que escribieron Barcelona y París Saint Germain.

Vamos a contar esta historia al parecer sencilla, porque solo tendría un actor principal que logró el milagro de remontar un 4-0, mientras que el otro se quedó tras bambalinas asustado y sin el coraje de salir a dar la cara y defender lo que era suyo. Es una vergüenza el partido que jugó el PSG, porque para mí el único culpable de la eliminación del club francés fue cada uno de los que conforman ese equipo, incluyendo a jugadores y director técnico. Yo no entiendo por qué un equipo que lleva una ventaja de 4 goles y sabiendo que tiene a favor el gol de visitante, entra a jugar un partido para encerrarse atrás y entregarle la pelota al rival, además que se les olvidó cuál era el equipo que tenía enfrente, un combo que se caracteriza por tener el mayor porcentaje de posesión del balón y que hace maravillas cuando este pasa por cada uno de los pies de sus jugadores.

La primera parte dejó la imagen de un PSG que creía más en la remontada que los propios jugadores del Barcelona, pero este tiempo tuvo el momento más significativo del partido y es el gol de Luis Suarez en el minuto 3 de juego. Ese gol rompió las ilusiones del PSG e introdujo en la mente de cada jugador un virus de miedo y desconfianza, que a la vez llenó a los jugadores del Barcelona de ilusión, esa que se alimentó cuando Kursawa metía el autogol finalizando el primer tiempo. Siempre he dicho que estos son los minutos que pueden dar la victoria de un partido, porque te manda a camerinos con la mente motivada y envía al rival con la sensación de no poder hacer nada.

Muchos pensarán que este artículo se llenará cada línea con aquella polémica que rodea el partido, esa que asegura un histórico robo al PSG. Yo en cambio prefiero alejarme de las decisiones arbitrales (por ahora), porque a mi forma de ver existe algo más importante que lo que pita un árbitro, es el orgullo de salir al terreno de juego con la mentalidad de ganar y respetar ese escudo que se lleva en el pecho, de sudar esa camiseta por la que miles de hinchas sienten un amor de verdad.

El PSG no mereció ganar el partido desde el primer minuto de juego, y es entendible que los anti culés afirmen conspiraciones de robo, pero muchas veces se nos olvida que esas decisiones vienen de un ser humano que no solo tiene más de 100.000 personas mirándolo desde las gradas, sino millones también alrededor del mundo. Es cierto que cometió errores que condicionaron el partido en más de una ocasión, porque es evidente, pero en otro artículo hablaremos de la capacidad de los árbitros para desviar el rumbo de un partido, esta vez hablamos de un equipo que recurrió a la cobardía para avanzar y de otro que tuvo el mérito de meter 6 goles en 90 minutos, logrando una hazaña histórica.

El resultado ya lo conocen y el culpable de la derrota se va a París con el orgullo por el suelo, porque no fueron capaces de tener los botines bien puestos para pelear, sacando antes de la batalla la bandera blanca, blanca como su camiseta.

Fuente fotográfica: 20minutos.es